Había una vez una niña que le gustaba pasear por el bosque, y recoger frutas para llevar a casa de su abuelita.
Pero un día cualquiera todo cambió, la niña salió con su cesta, dispuesta a recoger las frutas que encontrase en su paseo, cuando de pronto, las frutas ya no estaban, solo había gente de un lado para otro, extrañada y confusa miraba, nunca antes se había dado cuenta de que esas personas estubieran ahí. Los árboles tampoco estaban, en su lugar se alzaban altos edificios que no conseguía ver el final, la niña siguió su camino, como siempre lo había hecho.
Decidió parar a descansar pues el camino parecía más largo que de costumbre, cuando un chico alto, moreno y con profundos ojos negros se le acercó al verla tan sola y le preguntó si podía acompañarla, el tambien estaba cansado y necesitaba un respiro.
El chico le contó todo lo que había hecho esa mañana, había ido corriendo de aquí para allá, Bla, Bla, Bla, al poco rato la niña se dió cuenta que no lo escuhaba, y que por una extraña razón que no conocía no podía dejar de mirar sus carnosos labios, y sus inquietantes y grandes ojos.
Caperucita se olvidó visitar a su Abuelita.

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